II Edición
Crítica de Cine: El coraje es contagioso, defienda sus derechos

El coraje es contagioso, defienda sus derechos

  • Título: Trumbo: La lista negra de Hollywood
  • Título Original: Trumbo
  • Jay Roach
  • 2015
  • EE.UU.

En una de las escenas del musical Dancer in the Dark de Lars Von Trier, el gran Peter Stormare le preguntaba a Björk, una invidente, si había visto alguna vez La Gran Muralla China, a lo que a ella, elocuentemente, respondía: toda muralla es grandiosa si el techo no se desploma. Cito esto porque existe cierta similitud entre la construcción de estructuras y el proceso creativo en el cine, pero al igual que Björk, la mayoría de espectadores son bailarines a oscuras que tan sólo se quedan con lo que refleja la pantalla.

Cualquier persona  de a pie caería en el error de formular que el arquitecto de una película es su director, pero los que bebemos de las entrañas de este mundo audiovisual sabemos perfectamente que el verdadero arquitecto de una película es su guionista, esa figura repetidamente vilipendiada y, a menudo, olvidada en el mundo de lo que es y no el cine.

No, esta crítica no va a ser una defensa a ultranza del sindicato de guionistas ni nada parecido, pero tengo que situar su figura a la altura de las circunstancias, porque el señor Dalton Trumbo fue un guionista excepcional, seguramente uno de los mejores de su generación, pero también es seguro que habréis visto muchas de las películas que escribió, pero aun así seguiréis sin saber quién demonios es.

Tengo que confesar que hace tiempo que declaré mi propia yihad contra los biopics, la mayoría de ellos suelen ser absoluta y aburridamente lineales y traen consigo ese tufillo a telefilm de sábado por la tarde, que tanto ha hecho por ese pasatiempo tan español que es la siesta. En esta película vuelve a cometerse el error de dar, otra vez, esa linealidad tan extendida a este tipo de obra y que muchos realizadores han tomado como el “sota, caballo y rey” de las biografías en pantalla. ¿Qué es entonces lo que salva a esta? Que a través de esa linealidad y una gran historia, estamos a su vez ante una película con ciertos toques de comedia, y entre la risa y la alegría no hay espectador que se duerma.

La película, como su propio nombre indica, no sólo trata de la vida y obra de Trumbo en aquel Hollywood de oro brillante, donde actores como Kirk Douglas o Audrey Hepburn comenzaban a despuntar dentro del mundo del celuloide. También era una época de sombras entre tanta brillantez, donde se estaba en guerra pero a la vez nadie entablaba batalla, donde podrías ser perseguido por pensar de forma diferente o dejar de ser un patriota por compartir los ideales del aliado que pasó a ser un enemigo acérrimo. Trumbo fue uno de esos “Diez de Hollywood” que se rebeló contra el macarthismo, contra esa lista negra que atentaba contra la libertad y los ideales humanos y que le llevó a encararse hasta con el mismísimo John Wayne, quien desde la Alianza contra Actividades Norteamericanas dejó sin trabajo a cientos de guionistas, actores y directores de Hollywood bajo la sospecha de tener conexiones con el partido comunista.

Quizás Trumbo no es una gran película técnicamente, pero me atrevería a considerarla una película importante, una película que habla de una manera especial de los ideales y la perseverancia de una persona, del coraje por seguir adelante aunque se tenga que obviar el propio orgullo a la hora de hacer lo que te gusta. Creo además que cuenta con un gran reparto en el que resaltaría a Bryan Cranston, a quien por fin dan un papel a su altura en una película, y a un siempre colosal, en todos los sentidos, John Goodman.

En definitiva, Trumbo se convierte en un espejo en el que podría reflejarse la sociedad actual y donde contemplar que seguimos cometiendo los mismos errores. Setenta años han pasado y mucha gente sigue con su afán de obligar a la gente a pensar como ellos, pero lo que es seguro es que siempre habrá rebeldes, personas con gran valentía, y a la hora de defender los derechos de uno mismo, el coraje es contagioso.

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