I Edición
Crítica de Cine: Desde que tuve uso de razón, siempre quise ver películas como esta

Desde que tuve uso de razón, siempre quise ver películas como esta

  • Título: Uno de los nuestros
  • Título Original: Goodfellas
  • Martin Scorsese
  • 1990
  • EE.UU.

En 1990 llegaba a las pantallas Goodfellas: una nueva incursión de Martin Scorsese en el mundo de los bajos fondos de New York. Hoy 25 años después es un buen momento para revisionar la película y observar la influencia que ha tenido en el cine posterior, especialmente norteamericano.

Basada en el libro de Nicholas Pileggi, que también colaboró en el guión, narra la historia real de unos gangsters durante aproximadamente tres décadas entre los años 50 y los 80. Con estas premisas podía haber sido un film más sobre la mafia, otro biopic más sobre el ascenso y caída de algún capo o líder criminal. Y es que desde la Scarface (1932) de Howard Hawks ha habido tantas incursiones cinematográficas sobre el tema que es difícil incluso hoy encontrar originalidad en alguna de las propuestas.

Sin embargo, el film de Scorsese plantea originalidad ya desde su propuesta inicial: los protagonistas no son grandes jefes mafiosos o capos de algún clan, sino simples soldados rasos de la organización (mafia) a la que pertenecen. Pero donde radica más hondamente la originalidad del film, sin duda, es en el planteamiento y enfoque de las situaciones narradas. Por primera vez (al menos de manera convincente) vemos la auténtica realidad de estos personajes que se mueven entre la ambición por el dinero y el deseo de conseguirlo con el mínimo esfuerzo posible. Y es que en la película de Scorsese, tanta importancia tienen los sucesos delictivos como los problemas familiares, las celebraciones, o situaciones conyugales de los que el film está repleto. Sin por ello, resentirse en ningún momento la coherencia del relato.

Un punto que en su día le acarreó críticas negativas a la película fue el hecho de que no hay en ningún momento un juicio moral a los protagonistas de la historia. El hecho de narrar los sucesos desde un punto de vista objetivo y ajeno a todo dilema moral o ético de sus acciones, hizo que el film recibiera puyas por “intentar vanagloriar a las figuras despreciables que muestra”. Craso error de interpretación. Es cierto que el film no los condena pero tampoco los ensalza. Un ejemplo de lo comentado se muestra en las escenas de violencia que hay en la película. A diferencia de otros films del género, permanecen completamente desnudas de todo endulzamiento o espectacularidad artificiosa. Al contrario: la violencia en el cine de Scorsese es cruda, contundente y diáfana.

Mención aparte en el film merece el trabajo de montaje. El nervio con la cámara del director italoamericano tiene su perfecto complemento con la gran montadora Thelma Shoonmaker. Se ha dicho que si el cine de Billy Wilder es guión o el cine de Hitchcock es de cámara, el cine de Scorsese sería de montaje. Sin duda, muy simplista considerar el trabajo de estos genios desde una sola perspectiva, pero en el caso del director de Goodfellas, no hay duda que es verdaderamente en la fase posterior del rodaje, en la sala de montaje, donde construye gran parte de su película. En Uno de los nuestros el montaje y encadenamiento de escenas es tan vertiginoso que uno tiene la sensación en el cine de estar asistiendo a una película de acción cuando el film carece de dichas escenas. Literalmente el trabajo de Shoonmaker y Scorsese engancha al espectador en la butaca durante las dos horas y media de metraje.

Excelente también la banda sonora del film. Compuesta exclusivamente por canciones de la época en que transcurre la historia. En 1990 aún no era lo más habitual. Hoy, por desgracia, rara es la banda sonora que no incorpore canciones o antiguos éxitos que intentan ser relanzados más para obtener beneficios económicos a toda costa que por auténticas necesidades del film (quizás la excepción a ello sea Tarantino).

A pesar de todo lo comentado, el film no tuvo excesivo éxito en su momento. Parece mentira que por ejemplo la Academia de Hollywood premiase aquel año el soporífero film de Kevin Costner Bailando con lobos, negándole incluso a Shoonmaker el premio al mejor montaje. Sí se llevó el premio Joe Pesci como mejor actor secundario por su excelente composición del psicópata Tommy.

Dice Woody Allen que hoy en día nadie hace películas como las suyas pero que en cambio todo el mundo intenta hacerlas como Scorsese. Brillante observación. Así ha sido la influencia del director italoamericano en el cine USA de las últimas décadas. Y especialmente el film que nos ocupa, cuyo montaje y estructura ha influenciado, para bien y para mal, al cine actual.

En definitiva el film de Scorsese, visto a día de hoy, se conserva como paradigma del subgénero de gangsters. Además ha tenido una influencia enorme sobre el cine yankee de las tres últimas décadas y no solo sobre el género negro. Aunque por desgracia, no toda la influencia pueda considerarse positiva, no cabe duda que es un film que marca un antes y un después tanto en la filmografía de Scorsese como en la del cine norteamericano posterior.

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