Fuera de Concurso
Crítica de Cine: No es un cómic, es una novela gráfica

No es un cómic, es una novela gráfica

  • Título: Utopía
  • Título Original: Utopia
  • Dennis Kelly
  • 2013
  • Reino Unido

El ser humano vive, se desarrolla, en un mundo construido por un conjunto de referentes simbólicos y culturales. Mejor dicho, la identidad de un ser humano en el mundo se construye, se nutre, del complejo sistema simbólico y cultural que organiza su sociedad concreta. Cuando el arte, cuando una obra de arte tocada por algún genio de la creatividad, juega con el entramado concreto de referentes simbólicos nos adentramos en un mundo lúdico, irónico y paródico. Y estas tres categorías, a saber, lo lúdico, la ironía y la parodia son estrategias y técnicas de renovación artística que nos ofrecen nuevos productos con sabor placentero pero inquietante a la vez.

Este es el caso de Utopía, miniserie (al menos en un principio) de seis capítulos producida por la cadena británica Channel 4. Utopía se adentra en el mundo semántico y simbólico de los cómics o, para ser precisos, en el mundo de las novelas gráficas. Si alguien sabe la diferencia entre estos dos géneros (cómic y novela gráfica), puede dejar un comentario o mandarnos un correo electrónico. Yo, la verdad, aún no he encontrado unas razones sólidas para generar una definición plenamente satisfactoria.

Bueno, el caso es que Utopía juega con el conjunto de referentes significativos que ensamblan el mundo raruno del cómic. Pongámonos en situación argumental. Un grupo de tipejos raros, con diferentes trabajos, discuten en un foro sobre un cómic o novela gráfica (perdónenme los puristas, pero soy profano). Un cómic, por cierto, que es de difícil acceso y sobre el que apenas se encuentran copias. Como los tipejos (y la tipeja, que un personaje femenino siempre se agradece, así hay trama amorosa o sexual) son rarunos, deciden juntarse para hablar y discutir sobre la novela gráfica, que no cómic, en cuestión. Aquí ya encontramos rasgos de secta, de cenáculo o de secreta cripta conspiradora.

Lo cierto es que Utopía juega perfectamente con todos estos ingredientes. Porque al ambiente de tipos raros se junta un poder paragubernamental que tiene tanto o más interés que ellos por el cómic (perdón, novela gráfica). Así, junto al ambiente de conspiración cutre, de un grupo de amigos foreros, aparece un grupo poderoso, conspirador y que muestra sus constringentes tentáculos, a la hora de controlar y dejar todo bien atado. Tenemos, pues, dos grupos: el superorganizado y el supercutre ¿Quién ganará?

Si a todo esto añadimos que el grupo paragubernamental cuenta con unos sicarios que visten estrafalariamente —traje morado o pantalones de cuero amarillo—, la fórmula nos da el resultado esperado e inesperado. Esperado en tanto que nos movemos en el mundo del cómic (joder, perdón, novela gráfica) y los personajes se caracterizan por mostrar unos rasgos físicos y psicológicos enfatizados. Así pues, comienza el ejercicio de estilo, matones a sueldo que no son discretos y llaman la atención a simple vista. Los malos malísimos de las altas esferas en sus despachos atiborrados de madera labrada, pero siempre en penumbra y un personaje con nombre gracioso, Mr. Rabbit, del que nadie sabe nada. Ah, es verdad, y los tipos raros que tenían su vida normal, pero que por arte de la curiosidad y la mala suerte acaban atrapados en una red de conspiraciones y violencia explícita. E inesperado, por otra parte, por el complejo sistema argumental.

Los rasgos constructivos hasta ahora señalados solo hacen referencia al mundo del cómic (novela gráfica… esto ya empieza a ser un tic) en lo que respecta a los procesos dramáticos o de creación de la trama. Esto es, personajes e historia.

Pero Utopía no se queda ahí, sino que articula una serie de procesos audiovisuales que le otorga a la serie el rango de serie de culto y de obra artística memorable. Entre estos rasgos se encuentran la fotografía, la escenografía, el vestuario y la música. Creo que puedo atreverme a decir que no hay ni un solo plano en el que no aparezca algo amarillo. Bien sean los pantalones del matón, bien sea un elemento escenográfico el amarillo proporciona el tono ambiental cromático de la serie. Lo cual contribuye indudablemente a introducirnos en ese mundo enrarecido, ese mundo que sin duda están descubriendo el grupo de los tipos raros. Porque su vida se ha visto enrarecida, quedando todos ellos implicados en la conspiración, ya sea como parte de la solución, ya sea como parte del problema.

Por otra parte, este mundo enrarecido, volviendo a los aspectos constructivos de la trama, se ve todavía más reforzado por el juego constante con el espectador —juego entendido en el buen sentido— que consiste en romper incesantemente sus expectativas dramáticas para sorprenderlo y crear un trama compleja donde resulta difícil identificar el próximo paso; donde resulta difícil adivinar la verdadera identidad de cada personaje y sus buenas o malas intenciones.

En definitiva, Utopía es un ejercicio de estilo en el mejor sentido de la expresión. Por una parte, su fotografía, su meticuloso detalle por la omnipresencia del amarillo nos conduce a un mundo, donde la omnisciencia de la organización paragubernamental es indudable. Mundo complejo de referencias y símbolos que nos lleva al universo del cómic (novela gráfica para los modernos con barbas, gafas y demás modas aderezadas con artículos vanos de capitalismo esteta) bajo un manto estético que seduce visualmente, pero, a la vez, enraíza el valor del conjunto de símbolos con el que se juega. Porque lo lúdico, lo paródico y la ironía son técnicas que renuevan el sentido de los referentes simbólicos a la vez que reafirman su estado codificado.

P.D.: Este mensaje ha sido creado por un crítico que ha preferido centrarse en la primera temporada, obviando, por razones no expresables, la segunda temporada.

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