I Edición
Crítica de Cine: Escuchar la verdad

Escuchar la verdad

  • Título: Veredicto final
  • Título Original: The Verdict
  • Sidney Lumet
  • 1982
  • EE.UU.

1982 es el año de los 9 oscars de Gandhi (Richard Attenborough). Y es el año de las colas interminables para ver E.T. (Steven Spielberg). Pero también fue el año en que Sidney Lumet alcanzó una de las cumbres de su dilatada carrera cinematográfica.

Aquel año el director nacido en Philadelphia llevó a la pantalla un excelente guión de David Mamet sobre un abogado fracasado que tiene ante sí una última oportunidad para redimirse. El argumento, un tanto trillado, se convierte en un film genial de la mano del propio Mamet y de un soberbio Lumet. No se trata sin duda de una película más sobre juicios y tribunales. Se trata para el que esto suscribe de uno de los mejores films judiciales jamás rodado. Seco, conciso, y alejado de todo tipo de florituras y ornamentos innecesarios.

El guión de Mamet, lleno de precisión, le va como anillo al dedo a Sidney Lumet, autor famoso por su sobriedad narrativa y aprovechamiento máximo de recursos. El guión es fabuloso desde su arranque hasta su final. Ya desde las primeras escenas, se nos hace una descripción maravillosa del protagonista de la trama: vemos a Frank Galvin (Paul Newman) jugando al Pinball en un bar solitario, bebiendo whisky y acto seguido lo vemos asistiendo a entierros buscando desesperadamente clientes para su bufete. Un “loser” en toda regla, con el que el espectador a pesar de todo empatiza rápidamente desde el inicio.

De pronto le llega un nuevo caso gracias a su amigo del alma (Jack Warden). No se trata del típico caso de asesinato que hemos visto en multitud de películas ambientadas en tribunales de justicia, sino de un asunto de negligencia médica. Cuando Galvin acepta defender a la familia contra la poderosa dirección del hospital donde ha tenido lugar la tragedia, se da cuenta (en una magistral secuencia rodada sin diálogos) que quizás sea ésta su última oportunidad para redimirse. Es en ese instante cuando Galvin dará un giro y tratará que se haga auténtica justicia.

Justicia. Y es que ese es el tema central de la película. Justicia versus legalidad. La búsqueda de la verdad como objetivo central de todo sistema judicial. Una controversia que permanecerá en el trasfondo de la trama a lo largo de todo el film. Y es que en ningún momento el guión da rodeos o utiliza subtramas innecesarias. Más al contrario, todas las situaciones y tramas de fondo enriquecen el tema central y el film es llevado con coherencia hasta su resolución final. La honestidad que manifiesta el film a lo largo de todo el metraje corre paralela a la búsqueda de la verdad de su protagonista sobre la responsabilidad del hospital en el caso.

La película también ofrece una lectura que puede interpretarse como una defensa a ultranza de los juicios populares. Y es que toda ella destila una cierta loa a dicho sistema, tan habitual en Estados Unidos y aún tan extraño en nuestro país. Como bien dice uno de los secundarios clave del film “a veces uno se sorprende por la capacidad que tiene la gente para escuchar la verdad”. Solo un tribunal popular, alejado de un exhaustivo conocimiento legal, parece que puede permitirse el lujo de escuchar la verdad. Al menos eso parece traspúar el film y las intenciones de sus autores.

Mención aparte merecen las interpretaciones magistrales de sus protagonistas. La dirección de Lumet colabora en este sentido, sacando el mejor partido posible a una serie de actores en estado de gracia. Empezando por un impagable Paul Newman, que por desgracia no consiguió el Oscar aquel año. Siguiendo por un siempre magistral James Mason y unos excelentes secundarios: Jack Warden (¡qué gran secundario!) o Charlotte Rampling.

Vista a día de hoy, Veredicto final gana con el tiempo. Acostumbrados a infinidad de películas sobre temas judiciales, especialmente norteamericanas, y a tediosas escenas en salas de justicia y a asistir a interrogatorios inacabables, el film de Lumet transita como un oasis en medio de tanta mediocridad. Quizás con Testigo de cargo del gran Wilder sea de las pocas películas donde un juicio es filmado con tanta maestría. Han pasado más de 30 años del estreno del film y su autenticidad y honestidad aún no tiene fecha de caducidad.

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