II Edición
Crítica de Cine: La corbata de piano

La corbata de piano

  • Título: Zoolander No. 2
  • Ben Stiller
  • 2016
  • EE.UU.

Dos días antes de su muerte David Bowie lanzó Blackstar al público: su último disco y declaración en vida. Con influencias de Scott Walker, canciones largas e instrumentaciones del jazz parecía increíble el nivel de innovación y riesgo que tomaba el duque blanco a los 69 años. La misma energía creativa que lo reinventó en Low volvía a aparecer en el momento menos esperado, en medio de lo que parecía una jubilación artística. Un artista vital que nunca dejó de explorar.

Cinco años antes del estreno de Blackstar Sting lanzaba Symphonicities: un disco de reversiones orquestales de hits propios con The Police y en solitario. El disco fue ampliamente ignorado y mostraba una gran falta de ideas en la carrera del inglés. Ante la ausencia de una nueva fuerza creativa, Sting decide repetir algunos hitos de su gloria pasada. Una leyenda del new wave ida a menos.

David Bowie hace un inolvidable cameo en la primera parte de Zoolander, mientras que Sting aparece en la nueva secuela. Ambos parecen representativos de las películas en que aparecen, y comparar sus cameos puede dar algunas de las pistas de por qué la nueva película de Ben Stiller significó una decepción para el culto de fans de la primera versión. Mientras que la importancia y actualidad de Bowie son resultado de su capacidad para leer su época, Sting y Zoolander No. 2 fallan a la hora de leer su tiempo y necesitan recurrir a sus viejos trucos para lograr alguna efectividad. La secuencia inicial de Zoolander No. 2 con el asesinato de la estrella Canadiense Justin Bieber ilusiona respecto a la esperada actualización introduciendo un gag efectivo en referencia a la cultura selfie. Sin embargo, a medida que la cinta avanza los mayores momentos de risa quedan destinados para los fans más hardcore que, ante la más mínima referencia de la primera entrega, empiezan a reír. Grupo en el que sin duda me incluyo, orgullosamente como cualquier fan del magnum opus de Ben Stiller. Es precisamente porque uno puede sentirse engañado con todo este reciclaje, con todo este compendio construido por guiños nostálgicos. Pero en realidad la nueva historia, y sobre todo los nuevos personajes, no funcionan. La gracia de las caras de Derek Zoolander, o la burla del modelo new age que representaba Hansel son reemplazadas por una réplica femenina de Mugatu interpretada por Kristen Wiig y por un dolorosamente no divertido Mr. Atari. Mr. Atari es un buen ejemplo, parece más una caricatura del cinismo noventero del joven MTV que del hipster que intenta retratar, mostrando de nuevo como Stiller falla a veces en detectar que es lo que construye culturalmente nuestro 2016.

Algunos de los múltiples cameos funcionan y dejan un buen recuerdo una vez que termina la cinta, especialmente Sting (con experiencia actoral igual que Bowie, y que se nota) y Kiefer Sutherland que entregan las únicas risas efectivas sin necesidad de hacer referencia a la primera entrega. Y es que Ben Stiller sabe cómo los fans esperábamos referencias a la primera parte, pero terminó convirtiendo este deseo en su arma principal y lo unió con un interminable desfile de estrellas que le quitan un poco la gracia a los cameos que sí resultaron.

La verdad es que los mejores momentos (Penélope Cruz confundiendo “Blue Steel” con otra mirada, el paseo en auto de Derek con su hijo, Mugatu derramando cappuccino en su asistente) son referencias directas para los fans de la primera entrega. Y la primera razón por la que los fans se engancharon de Zoolander fue por lo novedosa que resultaba la comedia, por presentar lo contrario a una comedia derivada. Intencionadamente idiota, Zoolander era una cinta que no se tomaba demasiado en serio y donde Lenny Kravitz y otras estrellas se burlaban de sí mismas de una manera no tan habitual. Sin embargo, la autoparodia en Zoolander No. 2 toma más fuerza de lo que a uno le gustaría, y Derek no es estúpido como reflejo y exageración del mundo en el que está inmerso, sino que es simplemente estúpido, como Homer en las últimas temporadas de Los Simpsons.

Tampoco hay que mentir, los fans acérrimos de la obra no podemos ocultar nuestras risas cuando se hace referencia a algún momento recordado de la primera entrega. Pero eso más que dar virtudes a la nueva obra de Stiller habla de lo fáciles que somos los fans. Porque por más que queramos defenderla, por más que la crítica no entendió nada cuando salió la primera parte, lamentablemente para los fans parece que esta vez no andaban tan perdidos. Ben Stiller termina actuando como su malvado Mugatu, buscando reconocimiento por una corbata de piano hecha años atrás.

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