II Edición
Crítica de Cine: Humanidad como denominador común

Humanidad como denominador común

  • Título: Dallas Buyers Club
  • Jean-Marc Vallée
  • 2013
  • EE.UU.

Si nos cuestionamos qué tienen de especial algunas de las mejores y más galardonadas cintas de las últimas décadas en la industria cinematográfica podríamos enumerar ingredientes como un buen guión, actores con talento, directores al servicio de la historia o un equipo de rodaje con ganas de sacar adelante un proyecto particular, por poner algunos ejemplos.

En la línea de lo expuesto es casi inmediato pensar en tres películas con denominador común en cuanto a la temática de su argumento, la lucha incansable de sus protagonistas contra el virus del VIH, la enfermedad del SIDA y una sociedad que les vuelve la espalda en distintos ámbitos.

Si ordenamos cronológicamente y nos remontamos dos décadas atrás la imagen de Tom Hanks en Philadelphia y su dura pelea contra la enfermedad y, no menos ardua, contra la vergüenza de sufrir la marginación social ante la ignorancia y el miedo, marca el punto de inicio en una lucha común relatada en los tres films. Un Oscar, un Globo de Oro y el Oso de Plata del Festival de Berlín avalan la impactante representación de Hanks acerca de una lucha por unos derechos básicos, de dignidad, respeto, igualdad, trato y normalidad en una sociedad que, por el bien de todos, esperemos haya evolucionado algo al respecto en los últimos tiempos. Pero eso es tema para otro debate y foro bien distintos.

Es de agradecer otro de los puntos comunes fuertes palpable en las tres películas y que queda flotando en el subconsciente colectivo de quienes se asoman a estas historias que, ante todo, narran experiencias humanas. Lo que se traduce en no perder la autoconciencia de nuestros propios valores, lo que evitará que nos convirtamos en parte integrante de la masa colectiva que no posee ideas propias y que deshumaniza a las personas como seres vivos con ideas, sentimientos, derechos y sueños.

Casi veinte años más tarde una cinta dirigida al medio televisivo, con una calidad extrema y muy superior al que exhiben muchas de las películas que se estrenan en la gran pantalla llega a tocar nuestra sensibilidad de la mano de un numeroso grupo de actores comprometidos con la causa. Buscadores de justicia en los primeros años en que apenas se conocía esta desoladora enfermedad. The Normal Heart acumula premios de la crítica, los actores, los Emmy  o los Globos de Oro que avalan la calidad propia de unas interpretaciones vehementes y emotivas, entre las que cabría nombrar a Mark Ruffalo o Matt Bomer.

Se podría decir que simultáneamente en nuestro país nos deleitábamos con la pieza de arte de Jean-Marc Vallée y doblemente oscarizada Dallas Buyers Club, con premios al mejor actor protagonista y actor de reparto, Matthew McConaughey y Jared Leto. Reconocimientos bien merecidos, no necesariamente por la transformación física a la que los actores se sometieron, sino por la realista encarnación de dos personajes antagónicos en su modo de comulgar con las diferentes orientaciones sexuales del ser humano, unidos en un frente común ante las extremadamente difíciles circunstancias médicas que se les presentan.

Aunque la representación de dichos personajes hubiera sido llevada a cabo con una pérdida de peso menos radical no hubiera diezmado la fuerza interpretativa que arrastra al espectador a enamorarse de la delicadeza y femineidad infinita de una Rayon inolvidable, que te hace perder de vista que la madre naturaleza ha obrado erróneamente al otorgarle un cuerpo al que no pertenece. Una primera sensación impactante al ver la transformación de Leto en un ser etéreo y voluble que, a los pocos minutos de aparecer en pantalla, deja paso a una inmersión total en los sentidos y sensaciones de una criatura entrañable.

Resulta imparable el deseo de empatizar con el carácter superviviente de un Ron homófobo, con una vida aparentemente malograda, que sorprende al mostrar cómo el ser humano puede conseguir dar un paso hacia delante con determinación obstinada. Un cuasi héroe moderno, con transformación interior incorporada y encarnada en diversas escenas con su partenaire, sobre todo en el estremecedor e íntimo abrazo compartido con Rayon, que pone de manifiesto una incesante lucha, comprometida y sensible entre los personajes.

No necesariamente hay que asomarse a estas películas con un espíritu de inconformismo social, tan sólo es necesario dejarse llevar por unas enormes interpretaciones y cuidado por los detalles que hacen imborrable su visionado a través del tiempo. Además, si bien no siempre los premios y reconocimientos son indicativo de un producto interesante y bien relatado, en estos casos sí son sinónimo de buenas cintas y casi 30 galardones no son para ignorar. A lo que cabe añadir unos repartos colosales de actores que complementan su trabajo a la perfección y que añaden valor a las historias con un tremendo despliegue de registros emocionales.

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